Del arte a la arqueología
Dedico una oda a la mediocridad, pero a la mediocridad sincera despojada de altanería, pretensiones, alardes. Rindo tributo a la mediocridad ética, rigurosa, disciplinada y académica, esa que se confunde a menudo con humildad, y que sirve de marco, relleno o contexto, a grandes ideas. Pienso, por ejemplo, en teóricos que basan sus estudios en datos, en eruditos satisfechos, en músicos maestros, en alumnos metódicos, en pintores medios…
Mirando a la mediocridad desde la mediocridad se comprende el alcance de ésta: cohabitar con nosotros y describir nuestro contexto, como por ejemplo, esas pinturas que cuelgan en nuestro salón, o los grupos locales que descubrimos en pequeños conciertos, o la novela de tu mejor amigo… todas estas creaciones, tienen como común denominador que nos pertenecen, nos describen y nos entretienen
El brillo, la originalidad y la excelencia que caracteriza a las obras de arte, tan pronto las eleva a otras esferas como las aleja de la nuestra. No hay que huir de la mediocridad (se tiene o no se tiene), sólo hay que crear, aunque sean obras mediocres, o bien por que lo son…
Pienso en un futuro lejano, cuando ya no estemos, y tal vez sí permanezca ese libro que te decidiste a escribir, sin valor alguno, o los poemas de ese poeta del barrio que se fue entre cenizas…o la caja que hiciste para guardar calcetines. Todas las creaciones son parte de la cultura material de la época… y ¿a quién no seduce la inmortalidad que otorga la arqueología?




xavier abad dijo
Me parece muy importante el artículo , desde el punto de vista de la importancia de la mediocridad. Podríamos, en general, preguntarnos, cuál es el rol social, actual del hombre mediocre ( o mujer igualmente).
Desde un punto de vista filosófico, se puede ser o mediocre o excelente. Si bien es cierto, que nuestro objetivo es la excelencia, debemos atrisbar, cómo, actualmente la sociedad sanciona lo excelente o lo mediocre. No creo que cada vez veamos menos excelencia. Lo que sí creo que hay es muchos genios o Excelentes subvalorados. Sobre todo, esto aconctece con los escritores. En la época de Nietzsche, a éste nadie valoraba y por el contrario, fue grandmente repudiado. Nietzsche, sin embargo, predestinó el valor póstumo de los grandes y actualmente él es uno de los filósofos más leídos y/o citados en los escritos de diferente índole. Entre los poetas románticos, tenemos a varios que fueron catalogados en su época, como dementes, insuficientes, etc., y en la posteridad se les ha dado el valor que representan. Existe una lucha constante contra los prototipos que la sociedad adopta en su evolución. Quien comienza a escribir, con excepción de los creadores de los textos de autosuperación, debe sufrir la indeferencia que la sociedad le muestra. Los autores, comecializadores, de los textos de autosuperación, no necesitan medirse en su verdadero valor literario o intelectual. Generalmente les va bien y creo, que en su mayor parte son menos que mediocres.
7 Junio 2008 | 08:18 PM